Hoy me levanté con ganas de regalarte el mundo, pero como no puedo, he decidido regalarte un viaje, no a mi corazón, ojalá fuera así, si no a dónde tu quieras. Hice una lista, y elegí en primer lugar dejar que te fueras a París, ya que me encantaría verte sonreír en una postal al lado de la Torre Eiffel; ver tus fotos en la catedral de Notre Dame e imaginarme como caminas al lado del Arco del Triunfo; no me preguntes por qué solo sé que lo mereces.
En segundo lugar, te regalaría un viaje a Italia, de nuevo no iré contigo, cosas del destino tener que darte solo un pasaje a ello, cuando vuelvas te esperaré y espero las cosas típicas, como la foto agarrando la Torre de Pisa; y sobre todo quiero saber como sonríes cuando entres a los Canales de Venecia, donde el amor fluye y se construye; quiero adorar como te desenvuelves en la Isla de Capri, y sigo sin saber el por qué de todo, pero me encanta verte feliz.
Y por último pero no menos importante, te llevaría a Grecia en soledad, pero lo haría, te compraría el billete y te haría la mujer más feliz, ya que de eso se trata. Quiero verte en sus playas, paseando por el monte Olimpo, visitando sus islas, disfrutando de sus callejones; quisiera sentir como nadas en sus aguas cristalinas y como disfrutas el blanco de sus calles; quisiera que me contaras tu experiencia cuando te pierdas allí, en lugares inconfundibles que solo se te han quedado grabados en la retina.
Se acabaron los viajes, tus viajes, y puede que no haya ido contigo, pero realmente sé que estuve a tu lado en todo momento, ya que donde tu vayas yo estaré, porque te recuerdo que aunque tu corazón está en tu cuerpo, siento yo sus latidos.
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